La actriz Helena Ezquerro destaca en su pregón de las fiestas de San Mateo que en Logroño “aprendió a amar el teatro”

La actriz logroñesa Helena Ezquerro ha sido la encargada de pronunciar esta tarde el pregón de las Fiestas de San Mateo y 69ª Vendimia Riojana en un acto que se ha celebrado en la Plaza del Ayuntamiento y que ha contado con la participación del alcalde de Logroño, Conrado Escobar, y de otros miembros de la Corporación municipal.
En su intervención, Ezquerro ha iniciado su intervención recordado su infancia y su primera juventud en la ciudad, donde aprendió a “aprendió a amar el teatro” y “soñó despierta en el Teatro Bretón”. Unos primeros años que ha recordado para destacar que “no olvido de dónde vengo, porque yo soy quien soy por haber nacido aquí, en esta ciudad alegre, humilde y trabajadora, con un encanto y una belleza inigualables, con una gastronomía impecable y repleta de gente que celebra la vida y el buen hacer”.
“Cada día, no importa donde esté, me enorgullezco de esta ciudad y de todo lo que me ha dado, sin pedirlo y casi sin darme cuenta: con el pecho hinchado y la cabeza bien alta, allá donde voy digo: sí, soy logroñesa. Una riojana de pura cepa”, ha añadido la joven actriz.
El alcalde ha elogiado a la actriz destacado “su gratitud porque, estando donde está, siempre siente, vive y celebra esa patria que es la infancia, esa patria que es su ciudad y que se llama Logroño.
Pregón completo
“Buenas tardes,
Si me lo permitís, voy a empezar con un cuento.
Una adolescente camina por el andén de la estación de Logroño. Le acompaña su madre que, sin haber dormido nada ese día, echa un vistazo al billete para cerciorarse de que se dirigen al vagón correcto. Son las cuatro de la mañana y están a punto de coger un tren con destino a la capital.
La joven está nerviosa y no dormirá en todo el viaje a pesar del madrugón. Ella aún no lo sabe pero este trayecto en tren será el primero de muchos, dejando en pausa por unos días el bachillerato en el I.E.S. Sagasta, las fiestas con amigas en Concept, las comidas de los domingos en Pradejón en casa de sus abuelos, el cine con sus padres en el antiguo Gólem, las charlas con amigas en el Espolón o los paseos por la Laurel.
Mira por la ventanilla y observa su propio reflejo. Un rostro inocente, con algo de acné, ojos abiertos como platos y mejillas sonrosadas, le devuelve la sonrisa. La velocidad del tren alcanza su máximo y el paisaje se difumina a través del cristal. La joven es la única que permanece despierta observando la inmensidad de la noche. Entonces se imagina en un escenario, ataviada con opulentos vestidos y peinados imposibles. Recita un texto, un texto clásico. Disfruta de cada palabra, de cada pausa y de cada respiración. No está sola, la acompañan los actores y actrices de la compañía que, junto a ella, llenan el escenario. Y, de repente, encima de las tablas, ella siente que vuela, es un vuelo diferente al de los pájaros, pero igual de alto, casi rozando las nubes. Ese escenario que se proyecta en su mente es enorme, cientos de espectadores la escuchan, la entienden, viajan con ella, se emocionan y se divierten. Luego, con un poco de suerte, llegarán los aplausos y los vítores. La joven se emociona, se toca el pecho en señal de agradecimiento y hace una reverencia. El telón se cierra y la llegada a la estación la despierta de su sueño, un sueño que cada vez percibe con más fuerza y más madurez. El tren realiza su incursión en el andén, y madre e hija se pierden entre el gentío y las prisas de la capital.
Han pasado ya catorce años de este momento y, a día de hoy, recuerdo con ternura a esa Helena montada en el tren, dejando atrás la ciudad que la vio crecer y que nunca la ha abandonado.
Hoy he vuelto a casa. No estoy en un tren, pero sí delante de un público, un público muy especial. Como actriz, ahora podría estar interpretando uno de los papeles más bonitos de toda mi carrera, la gran diferencia es que no estoy actuando. Hoy, comparto estas palabras delante de mis vecinos y vecinas, familia y amigos desde el agradecimiento y la honestidad.
Porque hoy se juntan la niña que fui y la que vuelve a casa. En este cruce de caminos, los recuerdos emergen y el corazón se agranda. Porque fui esa niña que aprendió a amar el teatro en Dinámica Teatral, cuyos primeros papeles fueron un mono con tutú, un juez con peluca blanca o una abuela obsesionada con el arsénico, fui esa niña que llegaba corriendo al Milenario de la Lengua, la misma niña que aprendió a nadar y patinar sobre hielo en Lobete, fui esa adolescente que se enamoró por primera vez en el Escultor Daniel, que comía pipas en La Cometa, esa joven que se refugiaba de la lluvia en Portales con un ataque de risa, la que aprendió a escribir gracias a su madre y la que sabe un poco más de vino gracias a su padre. Soy la que soñó despierta en el Teatro Bretón, la que estudió muchas horas pero que también bailó con fervor estas fiestas que están a punto de comenzar, las de San Mateo y que, incluso, un año, salió en la portada del periódico, bota en mano, a hombros de su amigo. Pero también soy esa mujer que ha vuelto al hogar llena de agradecimiento. Soy esa mujer que deseó fuerte y trabajó duro, y que hoy se dedica a una profesión bella y extraña, ardua y compleja, pero que le otorga la oportunidad de contar historias verdaderas y apasionantes.
Logroñeses y logroñesas, no olvido de dónde vengo: porque yo soy quien soy por haber nacido aquí, en esta ciudad alegre, humilde y trabajadora, con un encanto y una belleza inigualables, con una gastronomía impecable y repleta de gente que celebra la vida y el buen hacer. Logroño es inspiración, artesanía y aventura, es pasión y es fe. Y, es, por supuesto, familia. Algunos están aquí presentes, algunos están lejos y otros se marcharon dejándonos un poquito más tristes y más frágiles pero que, al mismo tiempo, nos cuidan y nos dan fuerzas desde arriba.
Cada día, no importa donde esté, me enorgullezco de esta ciudad y de todo lo que me ha dado, sin pedirlo y casi sin darme cuenta: con el pecho hinchado y la cabeza bien alta, allá donde voy digo: sí, soy Logroñesa. Una riojana de pura cepa.
Hoy, siento como si se cerrara un ciclo y, a su vez, se abriera otra puerta que me propulsa hacia un nuevo trayecto. En este trayecto no estaré sola, avanzaré con pasos firmes, con coraje y humildad, con talante, como decía mi madre, y con la curiosidad de esa niña que un día fui, pero siempre rodeada de esta ciudad, plantada junto al Ebro, protegida por su muralla y llena de personas buenas que acogen a todo el mundo. Logroño es y será siempre la cuna de mi corazón y el camino seguro hacia el hogar.
Doy las gracias una vez más por otorgarme este espacio para poder abrir las fiestas de San Mateo 2026. Gracias a Conrado por hacerme este regalo. Gracias al ayuntamiento de Logroño y a todos los presentes hoy aquí. Celebro este día con cariño y alegría. No lo olvidaré jamás.
A continuación, me gustaría recitar las palabras de Nina, de la obra “La gaviota” de Anton Chéjov que, curiosamente, fueron las primeras palabras de un texto clásico que interpreté cuando llegué a Madrid y que, ahora, culminan este pregón.
Soy una gaviota… No, no es eso. Soy una actriz. ¡Claro que sí!
Ya soy una verdadera actriz, trabajo con fervor, con pasión, experimento una embriaguez en el escenario, me siento hermosa. Y ahora, mientras vivo aquí, siempre ando y ando y pienso, pienso y siento crecer cada día las fuerzas de mi alma. Ahora, yo sé, comprendo que en nuestro oficio, tanto si trabajamos en el escenario como si escribimos, lo principal no es la gloria, ni el brillo, todo eso con lo que yo soñaba, sino el saber soportar… Saber llevar tu cruz y creer… Yo creo y no siento ya tanto dolor, y cuando pienso en mi vocación, no temo a la vida.
Ahora sí, celebremos estas fiestas con amor y entusiasmo. Gracias, de todo corazón.
¡Viva Logroño y Viva San Mateo!”.