San Antón
San Antón
›San Antón no está a punto de cambiar. San Antón lleva años esperando. Y mientras espera, se vacía. Primero fueron locales sueltos. Después, comercios que todos y todas conocíamos: Osaba, Claire’s, Sol y Sol, Laku, Zara Home. Y ahora el golpe más visible: Massimo Dutti, Oysho, Bershka. No son solo tiendas. Son décadas de vida comercial, de gente entrando, saliendo, paseando. De vecinos y vecinas que te atendían cada día, que te conocían, y que ahora ya no están. Porque el problema no es solo que se vayan las grandes marcas. El problema es la gente que traían. Inditex era un imán. En casi todas las ciudades hay una calle central que concentra ese flujo. Y ahora Logroño va camino de ser la excepción. No por inevitabilidad. Por desidia. Mientras tanto, el Ayuntamiento decide no remodelar San Antón. Deja pasar fondos europeos. Mantiene la calle en un limbo eterno. Y protege, por encima de todo, la doble fila, el coche parado, el “solo un minuto”. Defiende su modelo de ciudad: humo por encima de sus vecinos y vecinas. Pero una calle comercial no vive de coches. Vive de personas andando, mirando escaparates, entrando “ya que estoy”. Cuando se va quien atraía, el comercio local que resiste se queda solo. Sin paso. Sin margen. Pagando una factura que no ha provocado. San Antón fue referente. Fue paseo. Hoy es el reflejo de un modelo de ciudad que prefiere esperar antes que cuidar lo que tiene. Y las ciudades, cuando esperan demasiado, pierden lo que las hacía únicas.