Tribuna de opinión
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El voto de Vox no se regala
En los últimos días hemos visto cómo el PP intenta construir un relato interesado sobre el supuesto “bloqueo” de VOX. Una vez más, la estrategia es conocida:convertir en problema lo que en realidad es coherencia política. Cuando VOX no acepta cheques en blanco ni se somete a acuerdos vacíos, el PP habla de bloqueo.Pero la realidad es mucho más sencilla: quien vota a VOX sabe perfectamente que su voto no será regalado.Durante décadas, el bipartidismo acostumbró a los ciudadanos a pactos opacos, reparto de cargos y programas que se olvidaban al día siguiente de las elecciones.VOX nació precisamente para romper con ese modelo:si hay acuerdos, deben basarse en políticas concretas,en compromisos firmes y en el respeto al programa.Por eso el PP ahora pretende capitalizar mediáticamente una situación que en realidad solo evidencia su incomodidad ante una nueva forma de hacer política.No basta con pedir apoyo automático ni con intentar trasladar a la opinión pública la idea de que exigir compromisos es un obstáculo. Los votantes de VOX no nos han elegido para sostener gobiernos sin condiciones, sino para impulsar cambios reales.Quien vota a VOX lo hace sabiendo que no somos un partido bisagra al servicio de nadie. Nuestro voto representa a millones de españoles que quieren políticas claras en seguridad, inmigración, defensa del campo y reducción del gasto político.Si el PP quiere acuerdos, sabe cuál es el camino: hablar de políticas, asumir compromisos y respetar a quienes confiaron en VOX para cambiar las cosas.
Democracia secuestrada: el pacto de silencio en Logroño
Lo sucedido en el Pleno de marzo en Logroño no es un simple trámite administrativo. Es un acto político deliberado. PSOE y PP han decidido que hay asuntos que no deben debatirse. Han decidido que los logroñeses no merecen conocer sobre determinadas cuestiones. Han decidido, en definitiva, controlar el discurso público desde las instituciones. La moción presentada por planteaba algo elemental: analizar el impacto que una regularización masiva de inmigrantes en situación irregular tendría sobre los servicios públicos municipales, la vivienda, el empleo y la seguridad. Es decir, sobre la vida cotidiana de nuestros vecinos y sobre la sostenibilidad financiera y organizativa del Ayuntamiento. Negarse siquiera a debatirlo es un ejercicio de irresponsabilidad política. El PSOE sabe que este debate le perjudica porque pone el foco en las consecuencias reales de sus políticas. Y el PP, acomplejado y permanentemente pendiente del qué dirán, prefiere alinearse con el veto antes que permitir una discusión que pueda poner de manifiesto que su discurso es el mismo que el de la izquierda. Uno actúa por cálculo ideológico; el otro, por complejo y falta de convicción. No es la primera vez. Cuando un asunto cuestiona su relato o evidencia sus contradicciones, el bipartidismo responde cerrando el micrófono. No confrontan argumentos: bloquean iniciativas. No defienden la pluralidad: la restringen. Lo verdaderamente grave es la pretensión de decidir qué puede debatirse y qué debe silenciarse en el órgano que representa a todos en un sistema democrático. VOX Logroño seguirá defendiendo el derecho de sus votantes a ser escuchados, aunque otros prefieran una democracia controlada, amordazada y sin discrepancias
La dignidad no se encierra en cárceles de tela
Desde VOX lo decimos sin complejos: el burka y el niqab
deben prohibirse en los espacios públicos de España. No
hablamos de una cuestión estética ni de un debate académico.
Hablamos de dignidad, de igualdad y de seguridad. Y
quien no quiera verlo está eligiendo mirar hacia otro lado.
El burka y el niqab no son simples prendas. Son la representación
visible de una concepción de la mujer incompatible
con nuestra civilización. Cubrir completamente el rostro
no es una opción inocua: es borrar a la persona del espacio
común. En una sociedad libre, nadie debe ser reducido a
una sombra anónima por imposiciones culturales o religiosas
que chocan frontalmente con la igualdad entre hombres
y mujeres.
Además, la seguridad no es negociable. En un contexto
de amenazas reales, permitir la ocultación permanente
del rostro en calles, edificios públicos o transportes es una
irresponsabilidad política. La identificación es una exigencia
básica de convivencia. Las normas deben aplicarse a
todos por igual, sin excepciones ni privilegios culturales.
Se nos acusa de intolerancia por defender esta medida.
Pero intolerante es aceptar prácticas que perpetúan la desigualdad
y normalizar símbolos que representan sumisión.
Defender la prohibición no es atacar una religión; es afirmar
que en España la ley está por encima de cualquier costumbre
que vulnere la dignidad humana.
España no puede resignarse al relativismo cultural. Integrarse
significa respetar nuestras reglas comunes. Prohibir
el burka y el niqab es fijar límites claros para proteger la
libertad real de las mujeres y la seguridad de todos. Y esos
límites, tarde o temprano, tendrán que establecerse.
Varea,símbolo de abandono del PP
En Logroño hay barrios que el Partido Popular ha decidido convertir en ciudadanos de segunda. Varea es el ejemplo más sangrante. Mientras los vecinos claman por algo tan elemental como tener médico todos los días, el equipo de gobierno municipal se limita a encogerse de hombros. El consultorio del barrio ha sufrido cierres de facto, semanas sin consulta presencial y recortes horarios que obligan a mayores y personas vulnerables a desplazarse fuera de su entorno. Esto no es una incidencia puntual: es el resultado de una gestión deficiente y de una absoluta falta de presión política por parte del Ayuntamiento. Desde VOX presentamos en el pleno ordinario de febrero una moción clara para garantizar la atención médica diaria en Varea. Una iniciativa firme, concreta y en defensa de casi dos mil vecinos que exigen igualdad sanitaria. ¿La respuesta del Partido Popular? Encogerse de hombros: Excusas, tecnicismos y la permanente huida hacia adelante. Se parapetan en que la competencia es autonómica para no hacer nada. Pero gobernar no es esconderse. Gobernar es defender a tus vecinos frente a quien haga falta, aunque sea tu propio partido en el Gobierno regional. Lo que estamos viendo es sumisión política y abandono institucional. Y Varea no es un caso aislado. La falta de servicios, la degradación de barrios y la pérdida de calidad en la atención pública se repiten en distintos puntos de Logroño. Cuando el Ayuntamiento renuncia a liderar, los barrios pagan el precio. Logroño no necesita un gobierno acomodado y complaciente. Necesita un Ayuntamiento que exija, que actúe y que no permita que ningún barrio quede sin médico ni sin voz
El doble de Vox
Aragón ha hablado alto y claro. El resultado electoral no
es solo un éxito aragonés: es un mensaje nacional inequívo-
co. VOX ha duplicado su respaldo porque miles de españo-
les están cansados de promesas vacías, de ingeniería social
y de un Estado que les da la espalda mientras exprime su
esfuerzo. Cuando el voto se multiplica, también lo hace la
responsabilidad.
Este avance demuestra que existe una mayoría social que
reclama políticas de sentido común. Sentido común para
defender el trabajo y el campo, para garantizar servicios pú-
blicos eficaces sin despilfarro, para proteger la seguridad y
la libertad frente al dogmatismo ideológico. Sentido común
para decir basta a la política del fanatismo que solo beneficia
a quienes viven del ruido.
La lectura en clave nacional es evidente. El bipartidismo ha
gobernado España durante décadas alternándose en el poder
y compartiendo las mismas recetas fallidas. Nos han traído a
un punto nefasto: deuda, inseguridad, desigualdad territorial
y una creciente desconfianza en las instituciones. Cambian
las siglas, pero no el rumbo. Y los españoles lo saben.
Aragón y Extremadura han sido valientes al apostar por una
alternativa firme y coherente. “El doble de VOX” no es un
eslogan, es la constatación de que cada vez más ciudada-
nos exigen claridad, coherencia y coraje político. No quieren
parches ni cesiones a minorías que imponen su agenda al
conjunto de la nación.
Se abre un camino para toda España. Un camino de respon-
sabilidad, de defensa del interés general y de políticas que
vuelvan a poner a los españoles en el centro. El cambio ya
está en marcha.
Chalets de lujo para los de fuera mientras los de aquí nos quedamos atrás
El PP está convirtiendo el dinero público en lujo privado. Mientras nuestras calles permanecen sucias, los colegios carecen de recursos, la sanidad colapsa y los barrios se degradan, el Gobierno de La Rioja paga 100.000 euros al mes para alojar a 12 MENAS en un chalet con piscina en Villamediana. Este despilfarro no tiene justificación: es un escándalo frente a las necesidades reales de los riojanos y de los logroñeses. Pero la irresponsabilidad no termina ahí. Según confirmó el alcalde de Villamediana en el pleno del 21 de enero, estos menores se desplazan todos los días a Logroño. Es decir, no solo se malgasta el dinero, sino que nuestra ciudad debe asumir las consecuencias de una gestión caótica y descontrolada, con presión añadida sobre servicios, seguridad y convivencia. El PP demuestra que gobierna para aparentar, no para servir. Mansiones y piscinas para unos pocos, mientras nuestras familias, nuestros barrios y nuestros jóvenes pagan las consecuencias. Cada euro destinado a estos lujos podría haberse invertido en limpieza urbana, programas sociales, sanidad, seguridad, educación o ayudas a familias en riesgo. Desde VOX Logroño exigimos que se ponga fin a esta barbaridad. Basta de despilfarro, basta de populismo y basta de priorizar intereses ajenos a los de nuestros ciudadanos. Primero los logroñeses, primero los riojanos, primero los barrios que sostienen con impuestos a un gobierno incapaz de gestionar con responsabilidad. La ciudad y sus vecinos merecen atención real, no lujos con dinero público a extranjeros mientras ellos sufren carencias que pueden evitarse con sentido comientras ellos sufren carencias que pueden evitarse con sentido común.
La tragedia de un Estado que recauda pero no invierte
Desde VOX no aceptamos que el accidente ferroviario de Adamuz se despache como una anécdota técnica o una desgracia inevitable. No lo es. Es la consecuencia directa de años de abandono de las infraestructuras mientras el Gobierno de Pedro Sánchez presume de récords históricos de recaudación. Nunca los españoles han pagado tantos impuestos y, sin embargo, nunca han recibido servicios públicos tan deteriorados. Adamuz no es un caso aislado. Es el reflejo de una España en la que se exprime al contribuyente para sostener un gasto político e ideológico desbocado, mientras se recorta en lo esencial: seguridad, mantenimiento y vertebración del territorio. Trenes inseguros, líneas abandonadas y falta de inversión no son fallos puntuales, son decisiones políticas conscientes. Lo más indignante llega después. Ante la crítica legítima, el Gobierno intenta imponer el silencio, desacreditar a quienes alzamos la voz y repartir culpas entre técnicos, operadores o circunstancias imprevistas. Es la estrategia habitual del sanchismo: escurrir el bulto y no asumir responsabilidades entre caras compadecientes. Pero la verdad es clara: la responsabilidad es única y exclusivamente política. Desde VOX lo decimos sin rodeos. No faltan impuestos, falta gestión. No faltan recursos, sobra despilfarro. Mientras miles de millones se destinan a agendas ideológicas, propaganda y redes clientelares, la España real viaja en infraestructuras obsoletas y peligrosas y no llega a fin de mes. Eso no es progreso, es abandono. Defender transportes seguros, inversión y servicios públicos dignos no es populismo: es sentido común. Adamuz es una advertencia. Y frente al silencio que pretenden imponer, desde VOX seguiremos señalando a los responsables y exigiendo un cambio de rumbo.
El fracaso comercial del PP
Mientras el Partido Popular se regodea en sus discursos sobre “buen gobierno” y presupuestos “con alma social”, la realidad en las calles de Logroño es otra muy distinta: una sangría de cierres que está despoblando el corazón comercial de nuestra ciudad. El último ejemplo es el de las grandes firmas que abandonan ejes históricos como la calle San Antón, arrastrando consigo a la clientela y dejando tras de sí persianas bajadas y empleos perdidos. No se trata de anécdotas. Son síntomas de una gestión municipal ineficaz, lenta y desconectada del pulso real de la economía urbana. En los últimos años, Logroño ha visto un descenso continuado del número de comercios, con datos que reflejan que cerca de 700 establecimientos han desaparecido únicamente en los últimos 15 años, y solo en 2022 se contabilizaron 185 cierres netos. Y mientras la ciudad languidece, el PP presume de presupuestos, promete planes y reinventa eslóganes sin ejecutar cambios de calado. La falta de un plan para el comercio local es una muestra palpable de este desastre de gestión municipal, que penaliza directamente a nuestra ciudad y al empleo local. La respuesta del PP no puede seguir siendo disfrazar a Espartero, despreciar las propuestas de la oposición ni que el Alcalde se crea instagramer: Logroño necesita un plan real, con incentivos fiscales, reducción de trámites y medidas valientes frente al comercio online que devora el negocio de barrio. Negar la magnitud del problema o maquillarlo con ferias estacionales, por exitosas que sean, no resolverá la desertización comercial que sufren nuestras calles. Si el actual gobierno municipal no reacciona, pronto lo que tendremos no serán ejes comerciales llenos, sino postales de locales vacíos.
Sin techo pero con ideología
›El Partido Popular de Logroño ha decidido quitarse definitivamente la careta. El anuncio de un nuevo recurso para personas sin hogar con “perspectiva de género” no es un simple error: es la prueba de que el PP gobierna con el mismo marco ideológico que la izquierda, aunque lo haga con otro logotipo. Y el resultado es un disparate mayúsculo. Los datos son incontestables: el 77 % de las personas sin hogar son hombres. Esta es la realidad incómoda que el PP prefiere ignorar mientras abraza conceptos vacíos para quedar bien en titulares y despachos. ¿De verdad alguien cree que quien duerme en la calle necesita que el ayuntamiento le aplique “perspectiva de género”? ¿O lo que necesita es un techo, seguridad y una intervención social eficaz? La respuesta es obvia, pero el PP ha decidido sustituir el sentido común por el dogma. El PP llegó al Ayuntamiento prometiendo gestión, pragmatismo y alejamiento de los excesos ideológicos. Hoy hace exactamente lo contrario: copia el lenguaje, las prioridades y los tics de la izquierda más sectaria. Ni una palabra sobre la realidad estadística, ni una reflexión seria sobre la eficacia de los recursos, ni una autocrítica. Solo propaganda y postureo ideológico. Esta deriva demuestra que el PP no es ninguna alternativa real: administra la ideología dominante sin cuestionarla, aunque sea absurda y perjudicial. La última es que las personas sin hogar sean utilizadas como excusa para vender relatos, no como destinatarios de soluciones reales. Desde VOX Logroño lo decimos sin rodeos: este programa no es progreso, es ridículo institucional. Gobernar no es seguir modas ideológicas, es afrontar la realidad. Y en Logroño, el PP ha decidido huir de ella una vez más
Profanación política en nombre de la inmigración ilegal
La decisión de convertir el Monasterio de San Agustín en un centro de acogida para MENAS no es solo una imposición política: es una provocación cultural y moral. Un monasterio cristiano, símbolo de nuestras raíces y de nuestra identidad, se transforma ahora en alojamiento para inmigración ilegal mayoritariamente musulmana. No hablamos de solidaridad, sino de sometimiento ideológico. El bipartidismo ha decidido que todo lo propio debe sacrificarse en nombre del multiculturalismo, aunque suponga vaciar de significado espacios religiosos que forman parte del alma de España, reutilizando nuestras iglesias como centros asistenciales para quienes no comparten ni nuestra cultura ni nuestros valores. El problema de fondo es el mismo de siempre: una inmigración ilegal masiva alentada por fronteras abiertas y discursos buenistas. Cuando el sistema colapsa, la solución no es frenar las entradas ni aplicar la ley, sino repartir el problema por el territorio y callar a los ciudadanos. Si alguien se indigna, se le acusa de intolerante. Así se gobierna hoy. VOX no se esconde. Defender nuestras fronteras, nuestra seguridad y nuestra identidad no es extremismo, es sentido común. No es odio decir que muchos de estos supuestos menores ni siquiera han acreditado su edad, ni que la convivencia forzada genera tensiones que nadie quiere asumir públicamente. Tampoco es cristiano despojar a un monasterio de su significado para convertirlo en símbolo del fracaso del Estado. Usar un monasterio cristiano como herramienta de propaganda multicultural no es integración: es desprecio a nuestra historia. Y La Rioja no tiene por qué aceptarlo en silencio.