Tribuna de opinión
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Declaración de Logroño como zona tensionada a los efectos de la ley de vivienda
MOCIÓN PRESENTADA POR EL GRUPO MUNICIPAL SOCIALISTA PARA DECLARACIÓN
DE LOGROÑO COMO ZONA TENSIONADA A LOS EFECTOS DE LA LEY DE VIVIENDA.
La presente Moción no ha sido aprobada por el Ayuntamiento Pleno.
Vivienda, soterramiento e inversión, los retos de Logroño en 2026
Logroño ha comenzado 2026 con el mismo reto que en 2025: recuperar el ritmo inversor y reajustar el gasto de un presupuesto que ha vuelto a nacer cojo. La ciudad necesita salir del inmovilismo, retomar proyectos aplazados sine die y acabar con una gestión marcada por la improvisación y la falta de planificación. El ejemplo más notable lo tenemos en el presupuesto. Aunque ha entrado en vigor el 1 de enero, el proyecto llegó condenado. La falta de previsión por parte del Gobierno de Escobar obligará a modificar las cuentas para asumir el incremento del capítulo de personal que recogía una estimación irreal. Tampoco es halagüeño el balance en materia de vivienda. Si bien el Plan Municipal es un avance, resulta insuficiente para responder a la demanda real. Otro ejemplo es la oportunidad que Logroño ha perdido con el acuerdo de Ramblasque, ya que se regaló edificabilidad sin exigir más vivienda protegida que la mínima legal y sin imponer la construcción de VPO paralela a la libre. A ello tenemos que sumar el silencio en torno al soterramiento. Nada sabemos del embargo de Logroño a la sociedad del ferrocarril, de las negociaciones para renovar un convenio caducado, de la liberación de suelo para 1.200 viviendas que podrían destinarse a VPO y alquiler social, de la reordenación de las torres o de la urbanización de Lobete para culminar la fase I. Urgen explicaciones. Logroño no puede permitirse otro año perdido.
Ama, ama y ensancha el alma
Aún quedan migas de turrón en la mesa y una mancha de cava en el mantel. Seguimos recogiendo confeti con una mano y, con la otra, sostenemos el móvil: mensajes de voz, fotos borrosas de las uvas y un “feliz 2026” reenviado al grupo familiar, mientras picamos las sobras que aún quedan por la cocina. Entre el vídeo de los fuegos y la broma fácil, se cuela lo de siempre: el comentario contra “los otros”. El diferente. Ese saco de boxeo para cuando la vida asfixia. No hace falta gran teoría. Basta mirar la escena: gente que se quiere, pero no se encuentra. Porque el sistema se come el tiempo y devuelve prisas. Se trabaja, se corre, se llega tarde a todo. Y luego, por la noche, regalamos lo mejor del día a una pantalla que no se cansa nunca. Tiempo infinito para hacer scroll, cero para una sobremesa sin notificaciones, para preguntar “¿cómo estás?” y quedarse quieto esperando la respuesta. Hace apenas unas semanas se nos fue Robe. Y con él se nos rompió algo por dentro a quienes encontramos en sus letras un modo de explicarnos el mundo. Nos dejó huérfanos de su voz, pero con un mapa. Nos hablaba de las derrotas de las y los de abajo, pero también de la única victoria posible: “Abrid los brazos, la mente; y repartíos. Que solo os enseñaron el odio y la avaricia”. Que el 2026 nos encuentre haciendo caso al maestro. Menos odio y más calle. Ama, ama y ensancha el alma
Profanación política en nombre de la inmigración ilegal
La decisión de convertir el Monasterio de San Agustín en un centro de acogida para MENAS no es solo una imposición política: es una provocación cultural y moral. Un monasterio cristiano, símbolo de nuestras raíces y de nuestra identidad, se transforma ahora en alojamiento para inmigración ilegal mayoritariamente musulmana. No hablamos de solidaridad, sino de sometimiento ideológico. El bipartidismo ha decidido que todo lo propio debe sacrificarse en nombre del multiculturalismo, aunque suponga vaciar de significado espacios religiosos que forman parte del alma de España, reutilizando nuestras iglesias como centros asistenciales para quienes no comparten ni nuestra cultura ni nuestros valores. El problema de fondo es el mismo de siempre: una inmigración ilegal masiva alentada por fronteras abiertas y discursos buenistas. Cuando el sistema colapsa, la solución no es frenar las entradas ni aplicar la ley, sino repartir el problema por el territorio y callar a los ciudadanos. Si alguien se indigna, se le acusa de intolerante. Así se gobierna hoy. VOX no se esconde. Defender nuestras fronteras, nuestra seguridad y nuestra identidad no es extremismo, es sentido común. No es odio decir que muchos de estos supuestos menores ni siquiera han acreditado su edad, ni que la convivencia forzada genera tensiones que nadie quiere asumir públicamente. Tampoco es cristiano despojar a un monasterio de su significado para convertirlo en símbolo del fracaso del Estado. Usar un monasterio cristiano como herramienta de propaganda multicultural no es integración: es desprecio a nuestra historia. Y La Rioja no tiene por qué aceptarlo en silencio.