Tribuna de opinión
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Gracias Logroño
Las imágenes del martes de la semana pasada quedarán para siempre marcadas en nuestras retinas. Un desastre natural que marcó de por vida a los vecinos de una tierra bien querida y reconocida por los logroñeses: Valencia.
En un momento de caos, tristeza e incertidumbre, los españoles sacaron su lado más solidario y del mismo modo lo hizo Logroño. Desde el sábado se habilitó la antigua Estación de Autobuses como centro de recogida de recursos destinados a las zonas afectadas por esta catástrofe.
Y ahí fue donde entrasteis vosotros: la respuesta de los logroñeses fue inmediata. En menos de dos días los camiones estaban llenos y preparados para salir hacia Valencia. Del mismo modo lo hicieron en la tarde del sábado los efectivos de Bomberos de Logroño a quienes queremos agradecer su inspiradora voluntad de servicio en estos momentos tan complicados.
Un agradecimiento que hacemos extensivo a aquellos que hicieron posible la recogida y el envío de agua, comida y ropa durante estas jornadas. Gracias a Protección Civil, a los voluntarios y a todos los agentes involucrados durante estos días para aportar desde Logroño nuestro granito de arena y ayudar en la medida de lo posible a aquellas personas que hoy más lo necesitan.
Un anillo que olvida la trinchera del tren
El alcalde de Logroño nos ha prometido un gran anillo verde de 27 kilómetros que bordee la ciudad. Un proyecto ambicioso que ha fiado a los próximos 25 años, ahí es nada. Sin embargo nada sabemos de lo más inmediato ni de las actuaciones que hacen ciudad en el día a día. Porque de lo que ha presupuestado para este año en los barrios tiene sin ejecutar el 96% de lo previsto. Eso sí, el señor Escobar, en su huida hacia adelante, ha anunciado nuevas actuaciones en todos barrios. ¿Cómo podemos saber si cumplirá con los logroñeses cuando la sombra de sus incumplimientos es alargada?
Desde el Partido Riojano exigimos al señor Escobar que deje de sobrevolar el Monte El Corvo y se preocupe por cerrar la herida del soterramiento del ferrocarril. Debe defender la continuidad de las fases II y III y comprometerse a culminar este corredor verde en el centro de la ciudad. Urge negociar un nuevo convenio con el Ministerio de Transportes para acabar con la trinchera del tren y culminar la fase I.
Pero apostar por las zonas verdes de la ciudad no solo conlleva la construcción de nuevos espacios en el extrarradio, sino también preservar y mantener en estado óptimo las infraestructuras existentes. Dos ejemplos: el recién inaugurado Parque Princesa Leonor y la Fuente de la Encina de Varea, vandalizada y abandonada a su suerte.
La herida que todas llevamos dentro
El caso de Íñigo Errejón nos revuelve por dentro. No solo porque sea una figura pública, no solo porque el discurso de un supuesto aliado se desmorone. Lo sentimos porque nos reconocemos, porque sabemos lo que es esa angustia, la duda, el autoengaño para seguir adelante. Todas estamos aquí, más cerca de lo que nos gustaría admitir.
Vivimos el gaslighting, ese sutil mecanismo que nos hace creer que somos nosotras las que estamos equivocadas, las que exageramos, las que malinterpretamos las intenciones. Sentimos el peso de la culpa cuando tratamos de poner límites y nos responden con indiferencia o con la frialdad que usa el poder para reafirmarse. Como tantas otras mujeres en este momento de destape, sabemos lo difícil que es alzar la voz, lo complejo que es romper la estructura, el patriarcado invisible que atraviesa nuestras vidas, nuestras políticas, nuestros espacios.
Hoy, el "#MeToo" en España está tomando una nueva fuerza. Las voces que antes se susurraban entre pasillos o se callaban por miedo, hoy encuentran eco en otras mujeres, periodistas y compañeras que se atreven a decir "ya basta". Cada denuncia que sale a la luz nos recuerda que no estamos solas, que tenemos derecho a la verdad y a ser escuchadas sin cuestionamientos. Este es un proceso colectivo y necesario, aunque doloroso. Estamos cambiando el mundo, y aunque nos tiemble la voz, ese temblor está lleno de poder
De mafias, oenegés y otras organizaciones criminales
Los cambios no siempre son negativos, de hecho, en la mayoría de las ocasiones son enriquecedores. Si no, que se lo pregunten a Hércules o a Dalí.
Sin embargo, no son los viajes de Hércules ni los paseos de Dalí por París o Nueva York lo que vemos cada día en el telediario. Las imágenes que vemos en los noticiarios son los de las barcazas abandonadas a su suerte en el Mediterráneo o a unas pocas millas de las Islas Canarias por las mafias que trafican con personas desesperadas por conseguir un futuro mejor.
Ese futuro que sí pudieron tener Hércules o Dalí es el que les promete el bipartidismo para contentar a Europa con regularizaciones masivas y políticas sociales indiscriminadas que terminan por contribuir al efecto llamada que aprovechan esas organizaciones criminales que abandonan a sus víctimas a su suerte en medio del mar.
Y ello tiene sus consecuencias: no solamente supone la despersonalización de nuestros barrios, que convierten en verdaderos lugares de encierro; sino también la inseguridad derivada de la falta de arraigo de aquellos que llegan sin saber dónde y sin conocer las normas del juego y sufren los vecinos de toda la vida.
Las mafias los traen; los que están sentados en los despachos lo permiten y alientan y, el resto, lo sufrimos.