Tribuna de opinión
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La vivienda no puede seguir esperando
El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales retos de Logroño. Mientras la demanda crece y cada vez más jóvenes encuentran dificultades para desarrollar su proyecto de vida en la ciudad, el Gobierno municipal continúa sin resolver un asunto clave: la revisión del Plan General.Han pasado meses desde que finalizó el plazo para presentar ofertas para la redacción del nuevo Plan General y, sin embargo, la situación permanece bloqueada. Ni se ha adjudicado el contrato ni se ha declarado desierta la licitación. Una vez más los compromisos del PP, se quedan en el Limbo.Esta falta de decisiones retrasa una herramienta imprescindible para planificar el crecimiento de la ciudad y garantizar la disponibilidad de suelo para nuevas viviendas, especialmente de protección oficial.Ante esta parálisis, resulta necesario adoptar medidas que permitan responder a una necesidad urgente. Un Plan Puente podría facilitar la calificación de nuevos sectores urbanizables mientras se completa la revisión del Plan General, impulsando la construcción de viviendas asequibles y favoreciendo que más familias y jóvenes puedan permanecer en Logroño.Al mismo tiempo, este crecimiento debe ser compatible con la regeneración de los barrios más antiguos, mejorando su accesibilidad,regeneración de los barrios más antiguos, mejorando su accesibilidad,eficiencia energética y calidad de vida. Crecer no significa abandonar el centro urbano, sino planificar un desarrollo equilibrado.Las previsiones demográficas indican que Logroño seguirá aumentando su población en los próximos años. Por ello, la ciudad necesita decisiones, planificación y una política de vivienda que mire al futuro. Retrasar las soluciones solo agravará un problema que ya es una prioridad para miles de ciudadanos
Beti Jai, el primer paso
La inauguración de la calle Beti Jai no es una actuación aislada. Es el primer paso de una hoja de ruta clara para recuperar, cuidar y mejorar el entorno de las Cien Tiendas,uno de los pulmones comerciales más importantes de Logroño.Durante demasiado tiempo, esta zona sufrió las consecuencias de unas obras mal planteadas por el Partido Socialista, que perjudicaron gravemente a comerciantes, vecinos y peatones. Las Cien Tiendas, que siempre han sido sinónimo de vida, comercio cercano y actividad urbana, necesitaban algo más que palabras: necesitaban hechos.Desde el Partido Popular de Logroño creemos que gobernar es escuchar, actuar y estar al lado de quienes levantan la persiana cada mañana. La renovación de Beti Jai responde precisamente a esa forma de entender la ciudad: calles más accesibles, más amables y mejor preparadas para favorecer el paseo,la convivencia y la actividad económica.seguir avanzando con intervenciones sensatas,útiles y pensadas para las personas.Recuperar el atractivo de las Cien Tiendas es apostar por el comercio local, por el centro de la ciudad y por un modelo urbano que cuida lo que funciona y corrige lo que otros dañaron.
Un mandato de promesas incumplidas
El Gobierno del PP encara la recta final de su mandato con una realidad incontestable: el incumplimiento de su programa electoral. La mayor parte de los compromisos con los que Conrado Escobar solicitó la confianza de los logroñeses hace tres años ha quedado diluida en anun ios que siguen sin hacerse realidad. No podemos hablar de legislatura en blanco. Sus decisiones sí han tenido consecuencias para la ciudadanía. No ha bajado los impuestos un 10% como prometió, pero hoy el Ayuntamiento recauda más que nunca. También ha autorizado gastos controvertidos, como la devolución de fondos europeos o el caso Bosonit, mientras mantiene paralizada la inversión en barrios. Escobar nos prometió una ciudad en marcha, pero lo único que tenemos son proyectos bloqueados, retrasados o condenados a la irrelevancia. El soterramiento del tren, la pasarela de Los Lirios, la finalización de la reforma de La Glorieta, la urbanización de calles como Lobete o San Antón son claros ejemplos de promesas incumplidas. También ha sido incapaz de impulsar un proyecto ilusio nante para la ciudad. Su apuesta de sobrevolar al Logroño de 2050 se ha frustrado por la falta de planificación y ambición. Seguimos sin Plan General. Tampoco se ha actualizado el Plan Estratégico de Comercio o el de In fraestructuras. El único plan que ha visto la luz es el de Gestión Municipal, marcado por recortes en mantenimiento y servicios públicos. Tres años después el balance es desalentador: el marketing se impone a la gestión mientras Logroño sigue esperando su transformación.
¿De quién son estas fiestas ?
Cada año, el 11 de junio, nuestra ciudad se llena. De turistas, de visitantes, de apartamentos reservados con meses de antelación. Y cada año, una buena parte de los logroñeses y logroñesas hacemos las maletas. Nos vamos a la sierra, a la costa, a casa de quien sea. Lejos. ¿Por qué? Esa es la pregunta que nadie en el Ayuntamiento quiere hacerse. San Bernabé es nuestra fiesta. La que recuerda que resistimos, que aguantamos, que somos ciudad ero algo ha cambiado. Las fiestas se han convertido en un producto. El Casco Antiguo, en un escenario para otros. Los vecinos y vecinas que llevan décadas allí aguantan noches sin dormir, calles convertidas en urinarios, gente escalando sus balcones. Y para quien se queda, participar tiene un precio que mucha gente no puede pagar. Tomarte unos pinchos, llevar a tus hijos a la feria, disfrutar de la calle. Lo que antes era de todos se ha convertido en un privilegio. Mientras tanto, el Ayuntamiento aprueba más dineo para espectáculos quitándolo de otras partidas. Y sigue fomentando los toros, algo desfasado que la mayoría no disfruta. En otras ciudades la gente construye sus propias fiestas. Las siente suyas. Quizás deberíamos preguntar a los vecinos y vecinas qué San Bernabé quieren. Crear las fiestas con ellos, no para traer más turistas. Porque esta ciudad la hacemos entre todos y todas. O deberíamos.